Una lectora joven con cancer de mama que está a punto de recibir su tercer ciclo de quimioterapia, me contaba el otro día que había ido a ver a un pisco-oncólogo de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Al entrar, el hombre le preguntó qué tal se encontraba. Ella dijo que bien. Y aquí comenzó el desastre. El psico-oncólogo empezó a decirle que se encontraría fatal, que era mejor no negar la enfermedad que tenía, que ahora se encontraba bien porque no era consciente de la gravedad de su enfermedad, y que a todo el mundo le sentaba muy mal la quimioterapia.

Le dijo además que no había nada que ella pudiera hacer, al margen de tener una actitud positiva. Que ya la quimioterapia se encargaba del resto.

Esta lectora me llamó y me dijo: “Teresa, cómo puede ser? He salido de allí peor de lo que entré. Este hombre ignoró por completo la alimentación, las terapias complementarias, mi trabajo personal. ¿Quién tiene razón?”.

Me hervía la sangre. Aún me hierve. ¿Cómo puede haber tanto incompetente por el mundo? Porque de acuerdo, no toda la gente tiene por qué creerse mi punto de vista, la importancia de la alimentación y de un trabajo interior para superar un cáncer (que no es una enfermedad, es un proceso). pero aunque no te lo creas, ¿cómo puede alguien destruir la ilusión de una persona, arremeter de esta manera en su línea de flotación haciendo tambalear aquello que la hace feliz y la deja tranquila, en un momento de su vida tan delicado, en que necesita toda la fuerza y estabilidad que pueda conseguir? Porque en cualquier caso, mal no le hará. Y si ella se encuentra bien, ¿qué sabe este hombre si la quimioterapia le afectará menos de lo habitual porque se está cuidando mucho, o porque es fuerte, o por lo que sea? ¿Cómo puede alguien, y sobre todo un profesional de la Asociación Española Contra el Cáncer, decir tantas barbaridades una detrás de otra?

Con personajes así ocupándose de los afectados de cáncer de mama mal podremos progresar en ver el cáncer como una etapa de la vida que tiene cura, y que no es una sentencia de muerte.